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La

microbiota y tu

¿Quienes son nuestros pequeños amigos?

En nuestro cuerpo existen miles de billones de pequeños seres vivos (bacterias, arqueas, hongos, parásitos, eucariotes y virus) que viven y prosperan en nosotros. Compartimos nuestro cuerpo con estos pequeñísimos seres de manera tan compenetrada que hemos creado una relación simbiótica mutualista con ellos; esto quiere decir que hemos llegado a obtener ventajas de ellos, tanto como ellos la obtienen del nosotros. Por ejemplo, ellos nos ayudan en la digestión del alimento, producen las vitaminas que necesitamos o nos protegen contra la colonización de otros microorganismos que pueden enfermarnos gravemente, a cambio nosotros les ofrecemos un lugar cómodo y protegido donde vivir. A estos minúsculos seres los conocemos como Microbiota humana.

Pero,

¿Qué es la microbiota Humana?

La microbiota humana es el conjunto de bacterias que colonizan la piel, el aparato digestivo, el aparato genital, entre otras. Estas bacterias llegan a nuestro cuerpo desde el vientre materno, especialmente el momento del parto, sobre todo si es por vía vaginal, también en la alimentación, en la exposición a los elementos como el aire, el agua.

Este microbioma -griego micro (‘pequeño‘) bios (‘vida‘)- o comunidad microbiana se va desarrollando a medida que vamos desarrollándonos y cambia según nuestras etapas en la vida. Así pues, nuestra “comunidad” de pequeños huéspedes es diferente en la infancia y adolescencia que en la vida adulta.

La microbiota está compuesta por más de 100 billones de bacterias tan solo en el aparato digestivo, y durante mucho tiempo hemos creído – y seguimos creyendo – que las bacterias son malas, pero una gran mayoría de estas realizan funciones supervitales como la intervención en la expresión de genes, prevención de enfermedades, digestión de los alimentos… Es por eso que el microbioma también ha sido llamado «el órgano perdido» o «el genoma extendido»

La funcionalidad de la microbiota depende mucho del componente temporal. Esta puede ser dividida, en dos categorías:

  • Microbiota autóctona: son aquello microorganismos que colonizan nuestro cuerpo durante periodos de tiempo prolongados o incluso están presentes toda nuestra vida, además participan en las funciones fisiológicas del organismo, han evolucionado con nosotros para obtener y aportarnos el máximo de beneficios.
  • Microbiota alóctona: son bacterias que se encuentran en nuestro cuerpo de forma transitoria o latente.  La relación colaborativa no es común, pues estos también pueden sobrevivir fuera de nuestro cuerpo, y por lo tanto no tienen que especializarse en aportarnos beneficios.

¿Cómo

funciona la microbiota en mi cuerpo?

Cada uno de nosotros tiene una microfauna única, como si fuera una huella digital, esta comienza a crearse en el mismo instante del nacimiento.  Cuando naces, los microorganismos fecales y vaginales transmitidos por la madre durante el parto vaginal, o los microorganismos del entorno en el caso de un parto por cesárea, dan inicio a la colonización de la microbiota.

Los microrganismos usan nuestro cuerpo como un lugar cómodo, tranquilo y lleno de recursos donde vivir y prosperar, estos a su vez nos “pagan” produciendo sustancias que nos ayudan al buen funcionamiento de nuestros tejidos, manteniendo nuestras barreras protectoras intactas para combatir las infecciones, facilitando la adecuada transformación de los alimentos que consumimos, generando neurotransmisores que ayudan a la nuestra salud mental.

Gracias a esta convivencia en equilibrio, nuestros huéspedes, nos brindan un adecuado funcionamiento físico, inmunológico, metabólico y psicológico. Estas micro comunidades tienen un comportamiento simbiótico y mutualista con nuestras células, esta “comunicación” es imprescindible para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, manteniendo un diálogo permanente con el sistema inmune logrando un estado de equilibrio en nuestra salud.

Funciones de la microbiota autóctona:
• Mantenimiento de sistema inmune, hay estudios que sugieren que hasta el 70% del sistema inmunológico depende de la microbiota.
• Regulación del metabolismo y balance energético.
• Digestión de alimentos: la microbiota permite digerir algunos componentes de los alimentos que el organismo no puede digerir y metabolizar por sí mismo
• Producción de vitaminas: algunas fundamentales para el mantenimiento de la salud, como son la vitamina K y la B12.
• Modula el desarrollo cerebral
• Regular la secreción de neurotransmisores intestinales, insulina y péptidos fundamentales para procesos vitales.

¿Y en dónde se encuentra

la microbiota en mi cuerpo?

En cada una de las diferentes zonas de nuestro organismo, podemos encontrar comunidades microbianas autóctonas. El más grande, y, por lo tanto, el más complejo, diverso y numeroso, es el asociado al aparato digestivo (intestino grueso), allí conviven la mayor cantidad de microorganismos que hay en nuestro cuerpo, pero podemos encontrar a estas comunidades de microorganismos buenos en todas partes de nuestro organismo, por ese motivo, podemos distinguir diferentes tipologías según su localización en nuestro cuerpo, por ejemplo en el gastrointestinal, genitourinario y respiratorio, oral o epidérmico (en la piel)

01. La microbiota

de la piel

La microbiota cutánea está formada por bacterias, hongos y parásitos que componen un complejo ecosistema en permanente interacción con nuestra piel. Este ecosistema está dominado por el Staphylococcus epidermidis ubicado sobre todo en los pliegues de la piel, donde aumenta y se diversifica debido al sudor que le suministra humedad y nutrientes, también son los responsables por olor peculiar que desprendemos

02. La microbiota

oral.

Es una estructura muy compleja y formada por una gran cantidad de estructuras y secreciones diferentes: saliva, lengua, dientes, paladar, etc., causando que los microorganismos no se distribuyan de manera uniforme en toda la boca, sino de una forma característica en función del tejido sobre el que se encuentran.  Este ecosistema está dominado por el Streptococcus salivarius entre sus principales funciones se encuentra la protección contra patógenos del oído, la nariz y la garganta, la estimulación del sistema inmune y mantener las mucosas en buen estado.

03. La microbiota

ocular.

La comunidad de microrganismos del ojo se encuentra en la conjuntiva (el tejido que recubre la parte blanca del ojo) y la córnea. Los microorganismos que se encuentra en el párpado y en las pestañas se consideran parte de la flora del microbioma de la piel. Comparado con otros microbiomas, el de la superficie ocular tiene una escasa población, la superficie ocular en la mayoría de las personas tiene apenas cuatro especies: Staphylococcus, Streptococcus, Propionibacterium y Corynebacterium. Esta población bacteriana es probablemente muy pequeña porque las lágrimas son, en parte, antimicrobianas y sus enzimas descomponen las paredes de las células bacterianas e impiden su reproducción.

04. La microbiota

biliar.

La microbiota biliar es una microestructura bacteriana normal del tracto biliar que es resistente a los efectos agresivos de la bilis. Es un ecosistema de microorganismos que apenas había llamado la atención hasta ahora, los científicos han empleado técnicas de secuenciación masiva. Su idea es ahondar y poner de manifiesto la existencia de bacterias pertenecientes a 4 filos diferentes, principalmente Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacteria y Protebacteria.

05. La microbiota

genitourinario

Las diferencias anatómicas y fisiológicas del aparato urogenital de hombres y mujeres, obliga a que los tratemos por separado.

Hombre: En los hombres, los microorganismos presentes en el aparato genital proceden principalmente de un contacto directo con mujeres durante una relación sexual. En el semen se encuentran bacterias del género Lactobacillus, Streptococcus, Staphylococcus y Ralstonia.

Mujer: La biota bacteriana de la vagina puede tener un profundo impacto en la salud de las mujeres y sus recién nacidos. La vagina es un ecosistema dinámico que permanentemente regula su equilibrio mediante el estado hormonal de la hospedera y la flora bacteriana presente. La microbiota vaginal, dominada por Lactobacillus crispatus, L. jensenii y L. gasseri, protege a la mucosa frente al establecimiento de microorganismos patógenos mediante tres mecanismos complementarios: a) la adherencia específica al epitelio, que bloquea su asentamiento, b) la producción de compuestos antimicrobianos y c) la coagregación con los patógenos, que potencia su efecto microbiocida.

06. La microbiota

del aparato digestivo

El aparato digestivo se presentan en una gran cantidad de zonas de nuestro sistema digestivo, en cada uno de los cuales encontramos una microbiota característica:

Boca: existen una multitud de bacterias, protozoos y levaduras en nuestra saliva. El papel mutualista de muchas de ellas es discutible; ya que algunas bacterias causan caries y otros problemas dentales, debido a que producen ácido que ataca el esmalte de los dientes, pero estos ácidos son necesarios para que los alimentos sean procesados correctamente

Estómago: Fundamentalmente lactobacilos. La acidez estomacal es una barrera casi infranqueable para los microorganismos que ingerimos con la comida y la bebida, protegiendo así al intestino frente a las infecciones. La concentración de lactobacilos es tan baja que no se sabe si ejercen algún efecto mutualista significativo.

Intestino delgado: En duodeno la microbiota es escasa, aún permanece parte de la acidez estomacal y en él desembocan los conductos biliar y pancreático. La bilis es tóxica para muchas bacterias y el fluido pancreático contiene una serie de enzimas que podrían, literalmente, digerir a las bacterias que se establecieran allí. En yeyuno se va incrementando la concentración bacteriana, que está formada principalmente por lactobacilos. En íleon la concentración y diversidad de los microorganismos residentes aumenta rápidamente y va reflejando paulatinamente la que tendremos en el intestino grueso.

06.4. La microbiota

del Intestino grueso

La densidad microbiana aquí es enorme; está dominada por bacterias, pero también hay arqueas, hongos (levaduras) y protozoos, se calcula que hay más de 500 especies ocupando ese hábitat, de manera que, en su conjunto, dan lugar a un ecosistema extraordinariamente maduro y, por tanto, resistente a la inducción de cambios desde el exterior; es lo que se denomina la homeostasis intestinal.

La inmensa mayoría de estas bacterias son anaerobias estrictas; es decir, obtienen la energía que necesitan a través de la fermentación o de la respiración anaerobia. Nuestro intestino grueso es un biorreactor, ya que toda la comida no digerida es procesada ahí por las bacterias y degradada en compuestos de fácil asimilación para el cuerpo humano, como los ácidos grasos de cadena corta y los azúcares simples

Las funciones de microbiota intestinal, son muy diversas. Sin embargo, la mayoría están relacionadas con los sistemas digestivo, inmunitario, nervioso, endocrino y nuestro metabolismo. Entre las funcione más importantes están:

Entre las funcione más importantes están:

Fabricación y absorción de nutrientes:

Las bacterias saludables del tracto gastrointestinal producen algunas vitaminas como la vitamina K, la niacina (B3), el ácido pantoténico (B5), la piridoxina (B6) la biotina (B7), el ácido fólico (B9) y la vitamina B12. También aumentan la biodisponibilidad de minerales como el hierro, el calcio, el magnesio, el cobre y el zinc.

Función de protección:

Con el objetivo de preservar su territorio, las bacterias de la microbiota generan un efecto barrera para evitar bacterias extrañas al ecosistema. Ello es posible gracias a que segregan sustancias antimicrobianas que inhiben la proliferación de bacterias patógenas.

Producción de anticuerpos naturales:

Los microorganismos de la microbiota actúan como presentadores de antígenos y generan una respuesta inmune que previene la invasión de patógenos.

Modulación del metabolismo energético:

La microbiota intestinal participa en el almacenamiento de grasa en los adipocitos. De hecho, el consumo de grasas no saludables altera la composición de la microbiota y predispone a un estado proinflamatorio.

Intervención en los niveles de glucosa:

Cuando hay una disbiosis, es decir, un desequilibrio en el ecosistema intestinal, la salud corre el riesgo de empeorar fácilmente. Por ejemplo, existe una mayor predisposición a la inflamación de bajo grado y al desarrollo de una resistencia a la insulina.

Nutrición y metabolismo:

La fermentación de carbohidratos en el intestino es la mayor fuente de energía en la producción de ácidos grasos de cadena corta, conocidos como AGCC. Los principales AGCC, el acetato, propionato y butirato, intervienen en una gran cantidad de funciones beneficiosas para el organismo.

Síntesis y modulación de neurotransmisores:

El intestino es el principal productor de serotonina. Las células enterocromafines de la mucosa intestinal son las encargadas de sintetizarla y almacenarla. Además, la microbiota también regula los neurotransmisores GABA, glutamato, dopamina, triptamina y norepinefrina.

Regulación del sistema inmunológico:

La microbiota intestinal tiene un papel decisivo en el sistema inmune. Esta regula en gran parte la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa. De hecho, se estima que cerca del 80% de las células inmunitarias se encuentran en el intestino.

Función de protección contra el cáncer:

Los ácidos grasos de cadena corta como el butirato tienen un efecto antiinflamatorio. Este factor puede ayudar, entre muchas otras funciones beneficiosas, a la protección contra el cáncer de colón y otros tipos de cáncer.

Regulación del tránsito intestinal:

Existe una relación directa entre el estado de la microbiota y el estreñimiento. Así, se ha podido observar en estudios un porcentaje elevado de disbiosis entre los pacientes con estreñimiento crónico comparado con controles sanos.

¿Cómo se afecta

la microbiota en mi cuerpo?

A veces es difícil saber cuándo hay algo que está fallando con nuestra microbiota. Sin embargo, existen una serie de síntomas que podrían indicarnos que está dañada o alterada. Puede dañarse por numerosos motivos, como por ejemplo:

La mala alimentación

La edad

El exceso y mal uso de antibióticos

La ingesta de muchos azúcares añadidos y/o edulcorantes artificiales

El estrés

Alimentos con muchas grasas saturadas

El sedentarismo

La contaminación ambiental

El abuso de licor

El tabaquismo

Algunos de los síntomas más comunes que te indican que la flora está dañada son:

Hinchazón abdominal sin causa aparente y presencia de gases.

Heces y gases con un mal olor acrecentado

Periodos alternos de estreñimiento y diarrea.

Cólicos intestinales, dolor en el abdomen y molestias en la zona del vientre

Al perder su equilibrio disminuirá la protección ante virus y bacterias, incrementando de este modo la posibilidad de padecer infecciones y enfermedades

Otro factor que altera la Microbiota es la Disbiosis, en el cual se genera un desequilibrio en el Ecosistema Gastrointestinal. La Disbiosis es la causante de muchas de las enfermedades en el cuerpo humano. Existen varias clases de Disbiosis que son: 

  • Por mayor presencia de las bacterias patógenas
  • Perdida de los microorganismos beneficiosos
  • Perdida de la Diversidad de la Microbiota Intestinal

Una Microbiota sana se encargaría de mantener una adecuada barrera intestinal, acompañada de una capa de moco en el Tracto Gastrointestinal, además, mantendría intactas las uniones intercelulares, disminuyendo la respuesta inflamatoria. Pero cuando la Disbiosis altera a la Microbiota se producen algunas toxinas, patógenos y alimentos que pueden penetrar la Barrera Epitelial, produciendo e intensificando secreción de sustancias proinflamatorias. Enfermedades que produce la Disbiosis:

Diarreas Agudas y Crónicas que puede ir acompañada de vómitos, fiebre, náuseas y deshidratación

Enfermedades Inflamatorias Intestinales: Colitis Ulcerativa, Enfermedad de Crohn

Enterocolitis Necrotizante es una patología común en recién nacidos que puede tener lugar a causa de la lactancia artificial o de la prematuridad.

Síndrome de Intestino Irritable

La infección por Helicobacter Pylori, que es una enfermedad que aunque suele ser asintomática, puede producir gastritis, cáncer de estómago y úlcera gástrica

Trastornos Mentales

Alergias alimentarias como la enfermedad celíaca, que es un trastorno que se produce a causa de una reacción a la ingesta de gluten

Los fallos en la microbiota intestinal se ha asociado con distintas enfermedades extraintestinales como el acné, ciertas alergias, la obesidad, trastornos de ansiedad, trastornos del espectro autista, etc. ¡Y esto no es todo! La microbiota intestinal también podría intervenir en trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer, o la de Parkinson. también se ha relacionado con otro tipo de patologías como el asma o diferentes enfermedades cardiovasculares.

¿Qué puedo hacer

para recobrar la microbiota intestinal en mi cuerpo?

En definitiva, el equilibrio de la microbiota del cuerpo y sobre todo la intestinal es indispensable para un correcto funcionamiento no sólo del aparato digestivo, del sistema inmune, sino también de todo nuestro organismo.

Por eso la atención en el mantenimiento de nuestros pequeños compañeros de cuerpo, debería ser una prioridad para el cuidado de nuestra salud. De hecho, si nuestra Biota está sana, mejorarán nuestras digestiones, tendremos una mejor absorción de nutrientes y una mejor absorción de las vitaminas tan importantes como la K y las del complejo B, una metabolización más óptima de los carbohidratos, lograremos un importante refuerzo del sistema inmunitario, sintetizaremos la mayor parte de la serotonina, el neurotransmisor llamado “hormona de la felicidad”, entre otros muchos beneficios.

Los azúcares complejos (polisacáridos) harán que tu microbiota esté feliz y a la vez saludable.

En este grupo se incluyen los plátanos, las manzanas, los frutos rojos, el mango, las patatas, las legumbres y la harina de coco, por ejemplo.

Evita los antibióticos.

Ciertamente sanan un montón de infecciones, pero no son selectivos. Así, son fantásticos para curar enfermedades, pero son fatales para tu microbiota. Si, inevitablemente, debes tomarlos para matar bacterias patógenas, no dudes en tomar un probiótico durante o después del tratamiento que ayude a reponer tus bacterias intestinales. Que la microbiota intestinal se recupere espontáneamente tras sufrir un desequilibrio por antibióticos no es necesariamente la mejor opción

Una auténtica joya: los alimentos fermentados

Es la manera más fácil de aportar probióticos a tu día a día. Seguro que muchos los has incorporado, sin saberlo, en tu vida. Yogur, queso sin pasteurizar, kéfir, kombucha, Vinagre de manzana, Encurtidos, Chocolate negro, pan con masa madre…Las posibilidades son casi infinitas.

Muévete, por favor.

Podemos seguir el método del plato en las comidas principales para conseguir esta variabilidad. Este método se basa en escoger un plato de unos 23 cm de diámetro y dividirlo en tres partes. La mitad del plato contendrá hortalizas y verduras de distintos colores (2 o 3 si puedes). De la otra mitad, un 25% será para las proteínas (carne, pescado, huevos) y el otro 25% corresponderá a los carbohidratos (patatas, legumbres, pasta, pan y cereales integrales a poder ser). No nos olvidemos del agua y de la fruta a diario.

Busca el lado positivo. Cambia tu perspectiva.

Tan importantes son la alimentación y el descanso como el ejercicio. Si eres activo, tu microbiota lo agradecerá y estarás más saludable. Con caminar 30 minutos al día ya estarás impactando positivamente en tu salud intestinal.

Busca tiempo para ti.

El estrés influye negativamente en tu salud y también en tus intestinos. Busca tiempo para ti. Es una gran inversión, el mindfulness, la meditación, el yoga o el taichí son buenas ideas para encontrar el equilibrio y bajar el estrés. Estar en calma, beneficia a tu microbiota y una microbiota sana te ayudará a manejar mejor el estrés.

Algo fundamental que debemos hacer para recuperar nuestra microbiota y volver a equilibrarla es cambiar por completo nuestros hábitos alimenticios, estilos de vida y seguir estos consejos

Los vegetales son tus amigos (y los de tu microbiota).

Prioriza los de hoja verde: lechuga, espinacas, los espárragos, el brócoli y la cebolla larga. Tienen un montón de fibra que no es digerida por nosotros, los humanos, pero que encanta a las bacterias buenas que habitan en nuestros intestinos.

Di adiós para siempre a los procesados y al azúcar (monosacáridos).

Los azúcares de digestión rápida (monosacáridos) se digieren demasiado rápido, para que las bacterias intestinales puedan aprovecharlos. Mucho ojo con las cremas de frutos secos, las barritas de proteínas… ¡Son fuentes ocultas de monosacáridos! Si habitualmente consumes muchos azúcares simples, puede que tu microbiota muera de inanición por falta de combustible. Las bacterias, muertas de hambre, recurrirán a comerse el revestimiento de los intestinos, provocando inflamación.

Los probióticos, esos grandísimos amigos.

llenitos de bacterias vivas, los probióticos te ayudarán a tener una microbiota variada. Puedes aportarlos a tu día a día a través de suplementos y también a través de alimentos probióticos.

¿Prebióticos? Sí, ¡por favor!

Literalmente, los prebióticos son alimento para tu microbiota. Como esta es crucial para tu buen rollo, para que tus digestiones sean perfectas o para que tu inmunidad vaya a todo bien, más vale cuidarla, ¿no crees? Ten siempre en tus alimentos: cereales integrales, vegetales de raíz y verdura de hoja, manzanas, plátanos, cebollas, ajos, espárragos, frutos secos, semillas, té verde, leguminososas y estarán bien alimentados

Ojo con la carne que consumes

Está bien que cuentes con la carne en tu dieta, pero piénsalo bien a la hora de escogerla: que sea de animales que han vivido en libertad y se hayan alimentado de pasto es importante, como también lo es que no hayan sido tratados con antibióticos. No lo olvides: una microbiota diversa se asegura con el consumo de diferentes fuentes de alimentos: proteína animal, fruta y verdura.

Descansa, es crucial. Respeta tus ritmos circadianos.

Si no duermes convenientemente, no le estás haciendo un favor a tu microbiota. Preferiblemente, duerme 8 horas por la noche. No te expongas a pantallas ni a luz azul de ningún tipo antes de acostarte. Intenta comer entre 3 y 4 horas antes de irte a la cama.

¿Cuál es la relación de las emociones y la microbiota

y cómo afectan mi cuerpo?

¿Sabías que tu microbiota es capaz de alterar tu química corporal, tu metabolismo y tu comportamiento?

Los descubrimientos de los últimos años con referencia a la actividad de nuestros intestinos es fascinante: en ellos se produce 2/3 de la actividad del sistema defensa-inmunitario, se fabrican más de 20 tipos de hormonas, contiene un complejo sistema nervioso-neuronal, con más de 200 millones de neuronas que se comunican de forma muy estrecha con el sistema nervioso central, posee además un complejo sistema linfático,  sanguíneo…y una microbiota esencial para la vida, sin ella, literalmente, nos morimos.

¿Cómo influye entonces la microbiota en tus emociones?

¿Cuántas veces habrás oído hablar de las mariposas en el estómago? ¿Conoces a alguien que toma alguna decisión con “las tripas”? ¿En cuántas ocasiones habrás ido a la nevera cuando estas nervioso o sientes ansiedad y sin poder evitarlo coges los alimentos menos saludables?

A este complejo medio los expertos le han puesto nombre de Sistema Nervioso Entérico, el cual está formado por más de 100 millones de células nerviosas que recubren nuestro tracto gastrointestinal desde el esófago hasta el recto. Este circuito nervioso es de doble dirección y se realiza a través del nervio vago hasta el tronco encefálico por vías aferentes hasta la médula espinal. Es decir, el tracto intestinal se comunica con el cerebro y él, a su vez con el sistema digestivo. Este circuito de neuronas, hormonas y neurotrasmisores manda mensajes al cerebro del estado del intestino, de manera que el cerebro “decide” impactar en el ambiente del intestino, pudiendo modificar la microbiota.

Evidencias recientes confirman que no sólo es el cerebro el que está atento a las bacterias que forman parte de nuestra microbiota, sino que estas mismas bacterias pueden alterar “nuestra percepción del mundo” y cambiar nuestro comportamiento. Entonces ya podemos entender que la necesidad de comer ese snack puede que no sea el cerebro directamente responsable de la necesidad imperiosa de comerlo, sino el otro, el segundo cerebro.

Tus bacterias son capaces de alterar tu química corporal, tu metabolismo y tu comportamiento, influyendo en tu estado de ánimo a través de la serotonina (el neutransmisor responsable de que nos sintamos felices y tranquilos.), produciendo felicidad, o por el contrario pueden producir malestar o dolor. Así que, por supuesto, las emociones influyen en tu sistema digestivo.

Según el modelo del doctor Perlmutter podemos hablar dos tipos de bacterias presentes en la microbiota intestinal humana:

  • Bacterias firmicutes (perjudiciales)
  • Bacterias bacterioides (beneficiosas)

Las primeras, Firmicutes, más típicas en Occidente,  extraen más calorías de alimentos, aumentan por tanto la ingesta calórica, se encuentran en un 20% de personas obesas, y cuando disminuye su número se reduce considerablemente la aparición de la diabetes.

Se multiplican con facilidad por la ingesta de harinas refinadas, cereales refinados, poca fibra (verdura, fruta…), azúcares, exceso de grasas, exceso de carnes… Son las bacterias que tienen que ver con un estado de decaimiento, apatía, desgana, hambre caprichosa, sensación de hinchazón, estreñimiento, riesgo cardiovascular…

Las segundas, Bacterioides, digieren con más facilidad alimentos ricos en fibra y vegetales, las personas obesas tienen descendido el nivel de estas bacterias “buenas” en un 90%, si los bacterioides descienden aumenta la permeabilidad intestinal, la inflamación, el caos inmunitario y los trastornos neurológicos. A estas bacterias les gusta la fibra, por tanto, adoran el mundo de las hortalizas, legumbres, frutas, semillas, frutos secos, harinas integrales, arroces integrales…Son bacterias que desempeñan un papel importante en cuanto a metabolismo e inmunidad. Nos hacen sentir con más energía y aumentan nuestro bienestar.

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